martes, 22 de abril de 2014

44. El islam y el arte islámico en España. Las etapas de la expansión.

El surgimiento de la civilización islámica tiene su origen en el impulso de la nueva religión predicada por Mahoma. Mahoma galvaniza algunas vivencias extendidas entre los pueblos del desierto (reconocimiento de la ciudad santa, hábito de emprender peregrinaciones, culto a los dioses locales, papel dirigente de una tribu concreta, etc.) y comienza en la Meca la predicación de una fe  que reúne verdades de estirpe cristiana, judía y zoroástrica junto a ancestrales prácticas de las tribus árabes. Como es conocido, el rechazo en su propia ciudad, le obliga a protagonizar la huida hacia Medina, acontecimiento que servirá como punto de partida para la cronología musulmana. A la muerte del profeta, el estado teocrático fundado por él, se extendió rápidamente por toda Arabia, Siria, Persia y Egipto. En su extensión, los musulmanes adoptan y nacionalizan las formas vigentes en las tierras conquistadas rebosantes de reliquias de arte romano, bizantino, persa, visigodo, etc.

Las disensiones entre las distintas facciones visigodas facilitarían la penetración incluso más allá de la barrera pirenaica hasta que las tropas de Carlos Martel les frenaran en Poitiers. En la primera mitad del siglo VIII se estabilizaron las fronteras del mundo musulmán clásico, donde se asentará su civilización y por tanto, también su arte.

Bajo ambas dinastías, Omeyas y Abbasidas, la cultura islámica queda definida en sus principales aspectos religiosos y artísticos. La evolución política posterior, especialmente la preponderancia que tomaron las disnastías turcas, tendrá profunda incidencia en el ámbito cultural islámico.

43. Tercera etapa: Del siglo XI a la caída de Constantinopla.

El Imperio Bizantino ha ido recorriendo una etapa de progresiva decadencia. El proceso de feudalización y el incremento de la propiedad territorial latifundista irán minando las bases fiscales y militares del Imperio. El poder central pierde paulatinamente autoridad y el territorio se verá atacado simultáneamente por turcos, cruzados, normandos y venecianos.
Las tensiones religiosas crecen de modo incontenible. Las persecuciones contra los católicos justificarán la intervención de los codiciosos comerciantes venecianos, quienes apoyan una nueva cruzada en la que quedarán unidos los intereses económicos y políticos con los religiosos. Finalmente, aparecerán reinos independientes y la consolización de los nuevos imperios veneciano y genovés. El fin del Imperio Latino no significa la recuperación, imposible en toda forma, del Imperio Bizantino, que acabará bajo dominación otomana.

La arquitectura.
La sensación de ligereza va abriéndose paso firmemente, al tiempo que la decoración de los muros, con notable riqueza cromática, consigue que resulten menos pesados y más dinámicos. Destaca la iglesia de Santa Sofía de Kiev, que servirá como modelo a los templos del futuro imperio ruso. Fuera del Imperio Bizantino pero en el interior del campo de sus relaciones culturales, aparece el monumento más conocido del período final de Bizancio, San Marcos de Venecia, (la cual se puede apreciar en la foto), es de cruz griega con cinco grandes cúpulas con cinco grandes cúpulas, una central y las otras cuatro elevadas sobre otros tantos brazos; la aparición de los ábsides es característica de la arquitectura bizantina posjustiniánea.

La pintura.
Hemos aludido a la extensión del arte bizantino por el reino ruso. La tradicional importancia del icono se verá allí potenciada en el extraordinario desarrollo de la iconostasis, que era un muro repleto de iconos que separaba el presbiterio del lugar ocupado por los fieles. En los mosaicos de la iglesia de San Marcos de Venecia vemos concretado el estilo de la última época bizantina, que se manifiesta también en Sicilia. San Marcos ofrece un punto de contacto entre lo bizantino y lo románico occidental.

42. Segunda etapa: 850-1050.

El imperio Bizantino alcanza la victoria sobre los búlgaros y extiende su influencia hasta el Danubio y el Adriático. Consigue realzar el poderío bizantino y construir una etapa de esplendor una vez finalizada la Guerra de las Imágenes.

La arquitectura.
Se ha llegado a una evolución que engloba la tradición clásica justiánea y las formas más macizas y cúbicas que caracterizan las iglesias de los siglos VII y VIII. El modelo de iglesia de cúpula de crucero en torno a la que se ordenan otros recintos también cupulados, que queda constituido en modelo normativo, y en las que el mosaico, a pesar de ser bajas y sólidas cúpulas, produce una desmaterialización del volumen arquitectónico. Los templos más importantes dispondrán del pórtico cubierto con cúpula.

La pintura.
Experimenta un salto atrás, haciéndose palpable una inseguridad estilística y al mismo tiempo la búsqueda de una nueva concepción para el cuadro. Alcanza gran esplendor la pintura de los libros, destacan los Salterios, siendo de gran riqueza los de carácter cortesano y más sencillos los de y uso popular o monástico. La ilustración de libros se refiere no sólo a temas religiosos sino a obras científicas y literarias.

La escultura.
La radicalización iconoclasta ha dejado una profunda huella, incluso después de su derrota es tenida en cuenta por los artistas, en otra evolución pudieran ser de nuevo acusados de idolatría. Por ello, la figura humana será deshumanizada; los cuerpos quedan anónimos bajo ropajes. Se crean tipos de imágenes que la iconografía hará repetir incansablemente. De composición sencilla como la Virgen Theótokos hasta más complejas como la Déesis. Son destacadas las obras en marfil, de carácter preferentemente religioso o cortesano. El arte bizantino es realmente complejo y se transforma en las provincias, siendo este fenómeno muy marcado entre los artistas italianos y rusos.


jueves, 27 de marzo de 2014

41. Siglos VII y VIII: Los efectos de la iconoclastia en el arte.

Las pérdidas sufridas por el imperio en su extensión territorial producen una mayor cohesión en su personalidad. El movimiento iconoclasta aparece basado en dos tipos de razones: unas de tipo religioso, como evitar la iconolatría y salvaguardar la pureza de la fe; otras de tipo político, ya que el culto a los iconos tenía su principal apoyo en número, riqueza y poder. También hay que tener en cuenta la influencia del judaísmo y la religión musulmana así como la acción persecutoria de los dominadores árabes en los territorios arrebatados a Bizancio.
De la época iconoclasta apenas conservamos restos, pues las pinturas anteriores o se destruyen, o se blanquean. Sin embargo, se limitó a la representación de cruces, ornamentos y temas de culto al emperador.

40. Primera etapa. El arte de la era Justiniánea.

La basílica de Santa Sofía es la obra más importante y madura de la arquitectura justiniánea. Santa Sofía es la cumbre de un estilo que recoge la herencia arquitectónica y decorativa del arte helenístico y romano y por otra parte el arte paleocristiano y de Asia Menor con su uso y dominio de los espacios abovedados. La expansión mediterránea del imperio de Justiniano posibilitó la presencia en Rávena de varias iglesias bizantinas de gran belleza (como la que se puede apreciar en la anterior entrada), también de planta octogonal y que influirá en la arquitectura del occidente europeo del medievo. Otras iglesias pertenecientes a este estilo han sido destruidas en el curso de los siglos. Entre ellas baste recordar la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla, con cinco grandes cúpulas y que influyó en San Marcos de Venecia.

La escultura.
Las primeras muestras de escultura bizantina son relieves de sarcófagos y pequeños relieves hechos sobre ricos materiales, destacando entre ellos, los trabajados en marfil.

La pintura.
Su importancia es superior a la adquirida por las restantes artes figurativas. Llamado estilo imperial en todos los géneros artísticos. Con un pensamiento teológico y en función del ritual litúrgico.

El icono.
Es un cuadro religioso sobre tabla, con una específica función en el arte bizantino. Representan a los santos mártires; luego prevalecerán las representaciones de Cristo y de la Virgen María. Los rostros ofrecen una marcada rigidez y frontalidad características con las que se pretende resaltar su espiritualidad. La decoración  mural de las iglesias se ajusta a un esquema teológico que sitúa las figuras en uno u otro lugar según su mayor o menor excelsitud.

El mosaico.
El arte bizantino  en su deseo de riqueza recubre los muros y bóvedas de mosaicos de gran riqueza cromática y de exquisita finura. Las figuras suelen representarse con un carácter rígido e inmaterial y con una disposición simétrica; la gran luminosidad es un intento de reflejo de lo sobrenatural.

La pintura de libros.
Se practicaba desde la época paleocristiana y acompaña al texto de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento con ilustraciones en ciclo que a veces plasman paso a paso los hechos narrados.

39. Rasgos esenciales de la arquitectura bizantina.

El arte bizantino experimenta a lo largo de su dilatada historia diversas evoluciones, que sin embargo, no desdibujan las características básicas y constantes. Más adelante se expondrán las diferentes manifestaciones de dicho arte en relación con las sucesivas situaciones históricas. Los rasgos más significativos de este arte son:

a) La aportación más sobresaliente tiene sin lugar a duda en el campo de realizaciones arquitectónicas. Los problemas que planteaba la utilización de cubiertas abovedadas fueron resueltos con definitivo acierto al recoger y superar la tradición y técnicas romanas aportando una solución al difícil obstáculo de los empujes mediante el empleo de medias cúpulas, junto a otros elementos de sujeción y contrarresto más divulgado.

b) La técnica constructiva señalada está al servicio de una nueva concepción del espacio. Se trata de un espacio dilatado, dinámico. Y que se expresa con más holgura en los templos de planta central pero también en las bóvedas de las iglesias de planta basilical.

c) La piedra y el ladrillo usados como materiales constructivos son cubiertos con desigual riqueza según se trate de muros con desigual riqueza según se trate de muros exteriores o recintos interiores. El mosaico cubre de forma continua las paredes, haciendo perder el interés en la decoración externa. El lujo ornamental se ha apoderado de todos los ámbitos. El espacio celeste no permite una delimitación y por eso el oro los recubre sin interrupción. Los espacios murales vienen a represar el cielo, la tierra y, en suma, el cosmos.

Los distintos períodos del arte bizantino se ajustan, como es natural, a las grandes etapas de su historia socio-política.

miércoles, 12 de marzo de 2014

38. Aportaciones del arte bizantino. Marco histórico.

Al eregir Constantino El Grande la antigua colonia griega de Bizancio en capital del Imperio Oriental, no hace sino culminar un proceso que aseguraba la pervivencia del Imperio de Oriente. La separación de ambas partes del Imperio se consumará a la muerte del emperador Teodosio.
Los fundamentos culturales de la nueva unidad política son básicamente el derecho y la administración romana, el idioma y la civilización griega y las creencias y costumbres cristianas.
Desde el punto de vista del poder político se va consolidando la posición autocrática del emperador, protagonizando un poder de carácter absolutista con intervención de los asuntos religiosos, poniendo en práctica un modo de actuar conocido con el nombre de césaropapismo.